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09
Dic 2016

LA EPOPEYA DE VALPARAISO

Las últimas elecciones municipales serán recordadas por el alto nivel de abstención ciudadana, debido, en parte, al repudio generalizado a la clase política tradicional, luego de sucesivos escándalos de corrupción, y en parte también, a una progresiva indiferencia ciudadana hacia nuestras instituciones republicanas. Sin embargo, a contraluz de lo ocurrido en el resto de Chile, la historia también hablará de la "epopeya de Valparaíso", o como un grupo de ciudadanos, contra todo pronóstico, fue capaz de organizar una opción política que logró desbancar del poder a la Alianza y a la Nueva Mayoría, con una mística y un sentido de responsabilidad cívica que no veíamos desde el plebiscito de 1988, cuando fue derrotado Pinochet. 

Toda epopeya tiene un origen y la de esta historia comenzó hace año y medio en una de las añosas habitaciones de la Iglesia La Matriz, la que se ubica justo en el sector donde nació la caleta de Valparaíso, cuando un variopinto grupo de jóvenes de distintas profesiones se juntaba para enfrentar dos cuestionados proyectos que afectaban profundamente en su valor patrimonial a la ciudad: el T2 y el Mall Barón. 

Este grupo comenzó a seducir poco a poco a diversos colectivos que, por separado, sostenían diversas causas ciudadanas, pero que tenían en común el representar un creciente malestar frente al progresivo deterioro económico y social de Valparaíso, agravado por un administración municipal deficiente y cuestionada y cuyo punto de inflexión lo constituyó, sin lugar a dudas, el gran incendio de abril de 2014.

Con el transcurso del tiempo, estos grupos fueron capaces de entender que a través de las reglas del juego democrático, llevando sus propios candidatos a la alcaldía y al concejo municipal podía torcerse la mano del destino. Pero… ¿Cómo ponerse de acuerdo en los candidatos? Resolvieron entonces someterse a una primaria organizada con muy pocos recursos, previo acuerdo consistente en que, quien ganara, enarbolara un programa común de propuestas ciudadanas. La competencia entre los 5 candidatos fue limpia, Jorge Sharp fue el elegido y todos respetaron los resultados.

Cuando llegó el momento de enfrentar la elección municipal, este novel grupo de ciudadanos se desplegó por todo Valparaíso, tratando de convencer a los escépticos porteños de que existía una alternativa distinta y vaya que lo lograron: el Movimiento Ciudadano logró el 54 % de los votos, derrotando a Jorge Castro y Leopoldo Méndez, que apenas se empinaron por el 22% cada uno. Y no solo eso: además eligieron dos concejales: Danile Morales y Claudio Reyes. 

El alcalde Sharp, su equipo y los cientos de ciudadanos que lo apoyaron, tienen ahora un enorme desafío por delante: nada menos que dirigir el proceso de reconstrucción de Valparaíso, devolverle a la ciudad su orgullo perdido y volver a caminar por un sendero que lleve al viejo puerto a recobrar su esplendor pasado. Por cierto, es deber de todo porteño, haya votado o no, contribuir activamente a la construcción de se sueño colectivo de ciudad.. 

Lo ocurrido en Valparaíso es una epopeya porque es un ejemplo de las infinitas posibilidades del poder ciudadano. Es también una hermosa reafirmación de la vigencia de la democracia y de las instituciones republicanas. Y por cierto, es también una lección para nuestra tradicional clase política, divorciada desde hace rato de los reales intereses ciudadanos y que necesita con urgencia replantearse en lo más profundo de su ser.


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